Las palabras no son nunca solo palabras.
Tras ellas siempre hay una intencionalidad, un estado de ánimo asociado y la expectativa de comprobar la respuesta en el otro.
Cuando ayer escribí «FIN» bajo la última frase de mi nueva novela, sentí mariposas en el estómago.
Tan solo se trataba de tres caracteres escritos en letra impersonal que arrojaba impúdicamente la pantalla de mi ordenador, pero no logré evitar que mi corazón diera un vuelco.
Porque sabía lo que aquella escueta palabra significaba. Porque entendía que un período de gestación de algunos meses concluía por fin. Y porque asimilaba que ahora entraba en un proceso bien distinto, pero nunca menos emocionante.
Cuando ayer escribí «FIN» bajo la última frase de mi nueva novela, supe que daba comienzo el peregrinaje a través de un nuevo sendero.


Deja un comentario