Las historias de ficción siempre parten de una cotidianidad que supura.
Y es ahí de donde nacen los mejores relatos: de la observación del día a día. Porque el novelista siempre ha de estar atento, vigilante, … permeable a una realidad que le habla y le hace imaginar que tras el más mínimo detalle puede haber un giro de tuerca… Algo que se convierta en extraordinario y merezca ser inmortalizado a través de la palabra.
No es baladí que, por ello -los lectores- nos estremezcamos ante determinadas escenas: precisamente porque imaginamos que, en un momento dado, lejos de ser los espectadores omniscientes, podríamos convertirnos en sus protagonistas.
Y ahí están las historias que enganchan… cuando la realidad supera la ficción y es llevada a papel.



Deja un comentario