En cualquier historia, los personajes no son solo piezas que mueven la trama: son el corazón que late detrás de cada página. Un personaje bien construido respira, duda, se equivoca, evoluciona. Nos permite entrar en su mundo y, a veces, descubrir el nuestro.
No importa si la novela es de suspense, romance o fantasía: si los personajes no tienen verdad, la historia se desmorona. El lector no busca perfección, sino humanidad. Y esa humanidad se revela en los matices: una contradicción, un gesto, una herida que no se dice.
Escribir personajes es escuchar lo que no dicen, entender lo que temen, y dejar que sean ellos quienes cuenten la historia.
Es asumir que -al igual que en la vida real- siempre existen matices.


Deja un comentario